Qué es la exploración de menores

Qué es la exploración de menores

La audiencia o exploración del menor, un acto destinado a conocer la opinión de un menor siempre que tenga la madurez suficiente para expresarla, es un derecho que como menor le corresponde. Es un acto procesal que se realiza a puerta cerrada y en el que intervienen el Ministerio Fiscal, el juez, y en ocasiones representantes del Equipo de Asesoramiento Técnico en el Ámbito de Familia. Por tanto, ninguno de los abogados participan en este acto.

El motivo de realizarlo a puerta cerrada es precisamente tratar de ofrecer al menor la tranquilidad que necesita para expresarse de manera libre, sin la presión que puede generarle la presencia de sus progenitores o los representantes legales.

Se debe informar al menor de que todo lo que exprese es confidencial y, por tanto, no se le revelará bajo ninguna circunstancia a sus padres, ya que la declaración del hijo menor no debe nunca perjudicar a la relación que tenga con ellos. Así mismo, debe saber que aunque su voluntad sea importante, no es vinculante para el juez.

¿Qué objetivo tiene esta exploración? Pues el que siempre se busca en los procesos en los que hay menores por medio: descubrir lo que es más conveniente para él. Esto no significa que deba prevalecer su deseo u opinión, ya que en ocasiones lo que el menor expresa no significa que sea lo que más le beneficie. Es por eso que se valora la madurez del menor y se comprueba si hay alguna manipulación o condicionamiento en su voluntad por alguno de los padres.

Un ejemplo de esto son los padres que no exigen mucho en el rendimiento escolar, que tiene una actitud muy permisiva o que le hace muchos regalos o compra muchas cosas, mientras el otro progenitor exige responsabilidad, actitud adecuada y disciplina.

Por eso es tan importante la madurez del hijo menor y que tenga una voluntad crítica, ya que es la manera de que la exploración del menor cumpla con su objetivo y sea eficaz.

No se recomienda llevar a cabo este proceso en niños de menos de 12 años de edad, por lo que sólo se deja de lado esta regla cuando las circunstancias así lo requieren, en casos muy concretos y excepcionales, y si el menor es extremadamente maduro.

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